Las Américas están por recibir a millones de personas por la Copa Mundial de la FIFA 2026™ y otros encuentros internacionales de gran escala, justo cuando la enfermedad vuelve a ganar terreno en distintos países de la región. En ese cruce entre movilidad, turismo, estadios llenos y brotes activos, la Organización Panamericana de la Salud lanzó una advertencia clara: la vigilancia epidemiológica y la vacunación no pueden quedarse en segundo plano.
Viajar también exige prevención ante el sarampión
El sarampión es una enfermedad prevenible mediante vacunación, pero su capacidad de propagación obliga a tomarla con seriedad. La OPS pidió a los países revisar sus sistemas de vigilancia para sarampión y rubéola, identificar zonas de mayor riesgo y reforzar la búsqueda activa de casos. Cuando aumentan los viajes internacionales y se concentran grandes cantidades de personas en aeropuertos, estadios, hoteles, fronteras y espacios públicos, cualquier caso sospechoso requiere una respuesta rápida.

Para quienes planean viajar, la recomendación sanitaria es la siguiente: Las personas de seis meses de edad o más que no puedan comprobar dos dosis de vacuna o evidencia de inmunidad deberían recibir una dosis contra sarampión y rubéola, de preferencia dos semanas antes de trasladarse a zonas con transmisión documentada.
Entre las semanas epidemiológicas 1 y 20 de 2026, las Américas registraron 20 mil 521 casos confirmados de sarampión y 25 defunciones en 16 países y un territorio. La cifra multiplica por cuatro los casos notificados en el mismo periodo de 2025 y ya rebasa el total registrado durante todo ese año. México aparece como el país con mayor número de contagios confirmados, con 10 mil 920 casos y 13 muertes; Guatemala reporta 6 mil 209 casos y 12 fallecimientos.
La mayoría de los casos en la región se han presentado en personas no vacunadas o con antecedentes de vacunación desconocidos. Ese dato nos indica que los brotes no avanzan únicamente por la presencia del virus, también por los huecos de inmunidad que se acumulan en comunidades, grupos de edad y territorios donde la cobertura bajó o nunca fue suficiente. Frente a eventos internacionales, esos vacíos pueden convertirse en rutas de transmisión.
